Pocos serán los que no hayan oído la canción Raindrops Keep Fallin’ on my Head de la famosa escena de la bicicleta, o que no se rían al oír a Paul Newman explicando, en castellano, que «El dinero no es nuestro». Antes de que Paul Newman y Robert Redford apareciesen juntos en la pantalla, George Roy Hill no podría haber predicho el prodigio interpretativo que habría de producirse. El director, cuyas películas desenfadadas y entretenidas ya gozaban del favor del público y la crítica, alcanzó el clímax de su carrera con dos filmes protagonizados precisamente por esta pareja de actores: Dos hombres y un destino (Butch Cassidy and the Sundance Kid, 1969) y El golpe (The sting, 1973). Son películas que cuentan con diálogos ingeniosos, bandas sonoras pegadizas y escenas sorprendentes, lo que las erige como grandes pasatiempos. Aunque en ambas los personajes principales son malhechores, son sobre todo el porte de Redford y la alegría innata de Newman, alejados de la rudeza que se atribuye socialmente a individuos de tal calaña, los que consiguen crear un sentimiento contradictorio en el público, que no juzga a los ladrones, sino que los acompaña.
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